“BY THE EDUCATIÓN TOWARD THE REVOLUTION”: THE CONTRIBUTION OF THE PHYSICAL EDUCATION  TO THE BUILDING OF THE IMAGINARY SOCIAL OF THE FRANQUISMO

“POR LA EDUCACIÓN HACIA LA REVOLUCIÓN”: LA CONTRIBUCIÓN DE LA EDUCACIÓN FÍSICA  A LA CONSTRUCCIÓN DEL IMAGINARIO SOCIAL DEL FRANQUISMO

Herrero, H.

Departamento de Didáctica de las Ciencias Sociales, Universidad de Valladolid.

Herrero, H. (2002). “Por la educación hacia la revolución”: La contribución de la Educación Física a la construcción del imaginario social del franquismo. Revista Internacional de Medicina y Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, vol. 2 (4) pp. 21-36

RESUMEN

Este breve artículo pretende constituir una contribución a la interpretación y el esclarecimiento del imaginario social del franquismo. Para ello hemos elegido el observatorio de la Educación Física, tanto formal como no formal, y, para los aspectos más concretos, la actuación del Frente de Juventudes, también conocido como la “Obra predilecta del Régimen”.

Desde esta óptica, trataremos de evidenciar las intencionalidades “formativas” subyacentes e implícitas en la concepción y la articulación de la Educación Física masculina del primer franquismo, así como sus potencialidades adoctrinadoras y modeladoras de conciencias.

PALABRAS CLAVE: Franquismo, revolución, Frente de Juventudes, imaginario social, Educación Física.

ABSTRACT

This short article intends to constitute a contribution to the interpretation and the clarification of the imaginary social of the franquismo. For this have elected the observatory of the Physical Education, formal so much as not formal, and, for the most concrete aspects, the performance of the “Frente de Juventudes”, also known as the ” favorite Work of the Regime”.

From this optics, we will try to evidencing the premeditations “formative” underlying and implicit in the conception and the joint of the masculine Physical Education of the first franquismo, as well as their/its potentials doctrine and models of consciences.

KEY WORDS: Franquismo, revolution, Frente de Juventudes, imaginary social, Physical Education.

1. PREÁMBULO

Desde hace tiempo venimos ocupándonos, desde diferentes perspectivas, de la reconstrucción del imaginario social del franquismo, o lo que es lo mismo, de la conformación de las representaciones colectivas que rigieron este sistema de identificación e integración social (J.L. PINTOS, 1995). Así pues, nuestro interés se centra en tratar de sacar a la luz la invisibilidad del tejido social de aquella época, así como en determinar los mecanismos, los recursos, las técnicas y las estrategias “didáctico-pedagógicas” gracias a los que este orden social, -ilegítimo en origen-, llegó a ser considerado como algo natural o, cuando menos, prácticamente incontestado, sin olvidar, por supuesto, el descollado papel que jugó la represión, en todas sus modalidades y vertientes.

Como es obvio, nos hallamos frente a una muy sutil y tupida red de interacciones que apelan, preferentemente, al subconsciente colectivo y que se dirigen a las facetas más afectivas o sensitivas del intelecto, lo que nos obliga a penetrar en territorios necesariamente crípticos y movedizos.

En este sentido, -y tal y como ya preconizaron los estudios que han abordado la transmisión ideológica, y muy particularmente los que han atendido a las cuestiones relacionadas con la reproducción cultural (P. BOURDIEU y J.C. PASSERON)-, entendemos que, a la hora de tratar de desentrañar los procesos de alumbramiento de nuevas cosmovisiones, el análisis del papel desempeñado por la Educación, tanto formal, como no formal, resulta inexcusable. Algo que, por otra parte, también parecieron tener muy claro los “fabricantes” de la nueva mentalidad, habida cuenta la atención que prestaron a la educación y a la juventud, al menos en teoría.

Así pues, en las breves páginas que suceden, trataremos de ofrecer algunas pinceladas sobre cómo la Educación, y muy particularmente la Educación Físicacontribuyeron a suministrar una “formación” cívica y patriótica a la juventud española de la postguerra y a acuñar una nueva forma de ser, estar y entender el mundo (“a lo nacionalsindicatolicista”).

2. POR LA EDUCACIÓN HACIA LA REVOLUCIÓN

No cabe duda de que entre los tópicos del ideario franquista más recurrentes y, por supuesto, entre los principios básicos del Movimiento, se cuenta la urgente e inexcusable, noble y cristiana REVOLUCIÓN, bástenos retomar las palabras de J. Ibáñez, -el que fuera Ministro de Educación-, quien se expresa así de taxativamente:

 “El nervio de nuestro Movimiento es la Revolución que yo admito con toda la fuerza del vocablo, porque hay que revolver lo viejo y lo caduco, porque hay que arrasar lo enfermo y lo viciado y trasplantar a las almas vírgenes la enjundia de nuestro ser histórico y cultivarlas con nuevos instrumentos y sistemas, que defiendan ya para siempre de brozas y espinas la ancestral fecundidad española”. (1942, p. 10).

Se aspiraba a una Revolución de talante básicamente espiritual, que pretendía cambiar de raíz el estilo del alma de los españoles. Una Revolución que se debía plasmar en dos ámbitos diferenciados y complementarios: el nacional y el individual.

Por lo que respecta al orden nacional, se perseguía la unidad total en el pensamiento, en la voluntad y en el sentimiento, mientras que la revolución individual se centraba en la regeneración del hombre a través de la consolidación y la generalización de una serie de principios, tales como: la obediencia, la jerarquía, la disciplina, la aristocracia de espíritu, el servicio y el amor a España, virtudes todas ellas que debían tener, entre los españoles, una “auténtica dignidad imperial”. (J. IBÁÑEZ, 1942, p. 15).

Mas esta Revolución, que nutría y articulaba ideológicamente al Régimen, no podía permitirse perecer con el paso del tiempo sino que, por el contrario, debía permanecer inamovible, imponiendo sus principios tanto en el presente como en el futuro.

Así, a fin de lograr la pervivencia de estos ideales y de “eternizar” el Movimiento, sus protagonistas arbitraron toda suerte de vías entre las que destacó la acción educadora, pues, a juicio de los “prohombres” del Régimen, la Revolución duradera debía forjarse en la “reeducación de las generaciones presentes y en una formación pura de las que hoy día son arcilla moldeable en nuestras manos” (J. IBÁÑEZ, p. 10), ya que “la vida de España, en el porvenir, habrá de ser consecuencia de la realización de nuestros ideales de educación y cultura de hoy” (J. IBÁÑEZ, 1942, p. 11).

Por todo ello, resultaba perentorio definir qué tipo de educación se practicaría, ya que, como es obvio, tan alta empresa requería unas características muy determinadas, que en este caso se materializaron en un proyecto de educación “CRISTIANA Y ESPAÑOLA”: “Toda la juventud debía formarse en católico, en humano y en español”, de modo que se produjera una “recristianización” y una “renacionalización” de la enseñanza, inspiradas, respectivamente, en la tradicional fe cristiana y en “el signo permanente de la sustancia histórica tradicional española” (J. IBÁÑEZ, 1942, p. 22).

Así las cosas, la misión prioritaria de la educación debía ser preparar a las juventudes en el servicio a España desde dos ámbitos bien definidos: el del esfuerzo físico y el espiritual, o, dicho de otra manera, el del trabajo del músculo y el del cultivo de la inteligencia y, por aquellos entonces, esta necesidad se hacía especialmente acuciante en el primero de los terrenos, debido a que según J. MALLART (jefe del Departamento del Instituto Nacional de Psicotecnia):

“nuestros rudos campesinos, nuestros fuertes marinos, nuestros montañeses endurecidos en el contacto y en la lucha con los elementos naturales están perfectamente capacitados para tomar parte en hazañas de las que han dado más honra y gloria a nuestra Patria. Pero nuestras masas urbanas ahora tan hipertrofiadas, y que suman cerca de la mitad de nuestra población total, de seguro no responderían debidamente a un llamamiento algo exigente en el esfuerzo físico (J, MALLART, 1941, p. 38).

Desde esta perspectiva, no cabía duda de que una de las plataformas educativas idónea para formar a los futuros “monjes-soldados” era la Educación Física que atendía, como ninguna otra disciplina, a las vertientes de fortalecimiento del temple físico y moral.

3. EL PAPEL DE LA EDUCACIÓN FÍSICA EN LA REVOLUCIÓN

De cara a comprender en toda su magnitud la trascendencia de la Educación Física en la forja del imaginario social del franquismo y en la consecución de la “Revolución Espiritual”, se hace necesario dejar constancia del papel que los propios “ideólogos” o “teóricos” del franquismo atribuyeron a la Educación Física. En este sentido José Moscardó, (conocido por su protagonismo en la “defensa” del alcázar de Toledo y posteriormente presidente del Comité Olímpico Español y Delegado Nacional de Deportes de F.E.T y de las J.O.N.S), se muestra totalmente convencido de las infinitas potencialidades y virtualidades de la Educación Física. Veamos algunas de ellas a continuación.

3.A. LA EDUCACIÓN FÍSICA: UN ARMA DE GOBIERNO

Moscardó considera un signo de modernidad el que los gobiernos recurran a la Educación Física como vehículo o canal de “formación” de sus juventudes ya que, a su juicio, -el Deporte-la Educación Física- encierran un singular potencial educativo. Así, el autor se expresa en los siguientes términos:

(El Deporte) Por su poder extraordinariamente educativo, se ha convertido en la actualidad en arma de gobierno, que todos los pueblos esgrimen cuando piensan en la formación de sus juventudes, y ello es común a los pueblos grandes como a los pequeños, a los extensos como a los reducidos, a los de todas las morfologías, a todas las razas fuertes, a todos, en una palabra, a los que quieren valerse por sí mismos para contar con un puesto en el concierto mundial, o quieren labrar y defender por sí su independencia. (J. MOSCARDÓ, 1941, p. 21).

3.B. LA EDUCACIÓN FÍSICA: UNA EXIGENCIA DE LA PATRIA Y DEL CAUDILLO

Del mismo modo y habida cuenta que, desde los planteamientos del fatalismo heroico del franquismo, la última y suprema vocación de todo joven español había de ser la de servir a España y, si fuera necesario, hasta morir por ella, no debe sorprendernos que la Educación Física que, teóricamente al menos, habilitaba al individuo para tan alta empresa, se convirtiera en un imperativo prioritario y dejara de constituir una obligación para pasar a ser un derecho, tal y como lo expone Moscardó en las líneas que siguen:

Que no es admisible negar a esta juventud estos derechos que invoca con la fuerza de su razón, con la de sus aspiraciones legítimas y altruistas, con la fe puesta en hacerse fuertes y sanos para mejor servir a España y con más eficacia y alegría morir por ella, y que es precisamente por esta legitimidad de su aspiración por la que nosotros, los que por razón de nuestro empleo y cargo ejercemos funciones de mando y de dirección, por la que hemos de fomentar y facilitar la práctica de los deportes. La Patria y el Caudillo lo exigen, la juventud lo anhela y nosotros lo cumpliremos inexorablemente, y ¡ay del que quiera oponerse a esta formación de la juventud y a la expansión de la Patria!”. (J. MOSCARDÓ, 1941, p. 22-23).

3.C. LA EDUCACIÓN FÍSICA: UNA PIEDRA FILOSOFAL

Por último, José Moscardó parece haber encontrado en -el Deporte-la Educación Física- la auténtica piedra filosofal pues, según sus propias palabras, su práctica ejercita todas aquellas virtudes que adornan al buen nacionasindicatolicista y que son imprescindibles para la consolidación del Movimiento y el advenimiento de la “Revolución”, hasta el extremo de favorecer y facilitar el acercamiento a Dios. Estas virtudes pueden ser “grosso modo” las que se relacionan seguidamente:

Es por este medio (el deporte) por el que se ejercita una DISCIPLINA, una SUBORDINACIÓN, el ACATAMIENTO a la autoridad de un árbitro, el SOMETIMIENTO a unas reglas o leyes, la ACEPTACIÓN CABALLERESCA de un revés, el ejercicio de una VOLUNTAD DE VENCER, la LUCHA noble, la RESISTENCIA a la fatiga, la TENACIDAD, la COHESIÓN, el ESPÍRITU DE LUCHA, la CONFIANZA EN SÍ, en una palabra, todas esas virtudes morales que elevan al hombre y lo hacen más apto para cumplir sus fines, que no son sino LABORAR POR LA PATRIA ACERCÁNDOSE A DIOS. (J. MOSCARDÓ, 1941, p. 22).

Mas el poder transfigurador o metamórfico de la Educación Física raya en lo taumatúrgico cuando se trata de modificar las conductas negativas y adquirir hábitos saludables, a tal punto que, en opinión de Moscardó, el Deporte conseguiría alejar a los jóvenes de los prostíbulos y de la bebida y conducirlos por las sendas de la vida sana y edificante. He aquí sus argumentos:

Esto es evidente para quien haya meditado, siquiera someramente, en ello. El deporte, por su calidad, por su condición, tiene un PODER EDUCATIVO, UN PODER DISCIPLINANTE, UN PODER HIGIÉNICO, MORAL Y MATERIALMENTE HABLANDO, que sería ciego o suicida negarlo o tan sólo despreciarlo. Es por este medio por el que se consigue que una sociedad que trabaja o estudia encamine sus pasos al campo de deportes, donde cultiva sus músculos, sus pulmones, su organismo en general, en lugar de encaminarse a lupanares. Es por este medio por el que una juventud se dirige los domingos a la sierra, cargada su espalda con un morral y sus hombros con un par de esquís, regresando henchida de oxígeno y de sol o después de luchar con la ventisca y con los elementos atmosféricos, sin rojeces de vino y de lujuria, groserías ni “chiribís”. (J. MOSCARDÓ, 1941, p. 22).

Ciertamente, la fe de Moscardó en la capacidad adoctrinadora y modeladora de conciencias de la Educación Física, aunque él no lo plantease así, era inconmensurable, llegando a atribuirle, incluso, poderes rallanos en lo sobrenatural o milagroso

4. LA EDUCACIÓN FÍSICA AL SERVICIO DEL FRANQUISMO

Una vez vistas las virtualidades propagandísticas, las potencialidades para acuñar cosmovisiones y la capacidad de articular la Revolución que el propio régimen de Franco atribuyó a la Educación Física, nos centraremos en su concepción, programación y puesta en práctica.

4.A. LOS FINES

Antes de seguir adelante, hay que tener en cuenta que el recurso a la Educación Física nunca puede plantearse, ni mucho menos comprenderse, desde perspectivas aisladoras y, por ende, reduccionistas. La Educación Física y Deportiva formó parte de un todo orgánico e indisoluble en el que, a la postre, los instrumentos fueron lo de menos. Se trataba de meros peones al servicio de un proyecto magno y único. Así, el objetivo final fue la formación espiritual de la juventud y la inculcación y la connaturalización de una escala de valores muy bien definida, a la que, sin lugar a dudas, podía servir magistralmente el fortalecimiento del cuerpo.

Así las cosas, la formación física, a la que el ideario franquista alude constantemente, fue entendida como un vehículo o un cauce que, por sus características, podía resultar de suma utilidad en la canalización del adoctrinamiento.

En este sentido, la Educación Física se utilizó como un acicate más en la que ellos calificaron de acción de regeneración social y de formación del ciudadano. No en balde, una publicación de 1938 proclamaba que el fin de la Educación Física era “adorar a Dios nuestro Señor y a la Patria” (J. VILLALBA RUBIO, 1938).

4.A.1. LOS FINES BIOLÓGICOS Y FISIOLÓGICOS

Comenzaremos, pues, por acercarnos a los fines de índole más biológica o fisiológica, aunque sea absolutamente imposible disociarlos de la acción espiritual.

De este modo y por lo que respecta al fortalecimiento físico, la Educación Física debía:

1. Buscar la robustez general.

2. Adiestrar los sentidos.

3. Habilitar los órganos y sistemas de ejecución del movimiento.

4. Estimular la coordinación funcional y plena.

5. Conseguir la belleza fisiológica, como exponente de la armonía funcional.

6. Alcanzar la armonía psicofisiológica.

Pero, como ya anunciábamos, la cosa no quedaba aquí, pues, revalidando el aforismo latino “mens sana in corpore sano”, el desarrollo de las potencialidades fisiológicas debía formularse en íntima conexión con la promoción de las capacidades intelectuales, de modo que fuera posible alcanzar el predominio intelectual sobre los instintos primarios.

Así, el objetivo último era preparar generaciones fuertes, en camino constante a la perfección y en marcha hacia un destino “prometedor” que, conforme a la retórica vacua del franquismo, sería “la unidad de destino en lo universal”, para cuya consecución era indispensable que la perfectibilidad y el acrecentamiento vital se concibiesen como una forma de colaboración a la obra divina.

Por consiguiente la acción de carácter físico se subordinaba a la renovación espiritual pues, según J. Mallart, los principales problemas que debía afrontar la Educación Física de la primera época franquista eran de carácter psicológico ya que a su entender “los problemas que se presentan a todo pueblo que ha de realizar misiones de envergadura… son, en lo fundamental, de orden psicológico (J. MALLART, 1941, p. 39).

Veamos, pues, la capacidad e la Educación Física para intervenir en la psicología colectiva o, planteado desde otro punto de vista, para modelar las conciencias.

4.A.2. LOS FINES PSICOLÓGICOS

I. LA CONTRIBUCIÓN A LA MEJORA DE LA RAZA

“El deporte como ejercicio físico, y no como espectacularidad, debe ser practicado por todos los españoles. Y ha de ser un deporte que no se limite a desarrollar determinados músculos o miembros, sino la totalidad del organismo. Pues el deporte no ha de servir para hacer acróbatas, sino para acrecentar el vigor físico, tonificar el cuerpo y MEJORAR LA RAZA” (LECTURAS CÍVICAS, 1944, p. 57).

No cabe duda de que el valor de la “raza” es un referente omnipresente en el ideario franquista. Sin embargo, este concepto ha de asociarse a cuestiones patrióticas y nacionalistas más que a las estrictamente étnicas. Desde esta premisa, la Educación Física contribuiría notablemente a la modelación de hombres fuertes, robustos y vigorosos, pero no sólo en el terreno meramente físico. La fortaleza física se traduciría en el fortalecimiento del carácter y la voluntad, pero no para crear individuos autónomos, sino seres consagrados durante todas sus vidas al engrandecimiento de su patria y de su religión.

II. LA CONTRIBUCIÓN A LA FORMACIÓN DEL CARÁCTER

Por encima de todo, y como acabamos de ver, había que formar buenos patriotas o, lo que venía a ser lo mismo por aquellos entonces, buenos católicos, para lo que había que dotar a los jóvenes de férreos códigos conductuales y morales, en los que destacaban valores tales como: LA DISCIPLINA Y LA OBEDIENCIA, EL SACRIFICIO, LA RESPONSABILIDAD, LA LEALTAD, EL SERVICIO, LA TRADICIÓN, LA HERMANDAD… Hagamos, pues, un recorrido a través de ellas:

II.A. La obediencia, la disciplina, el sacrificio y la sumisión

“En la España de hoy no hay que discutir hay que obedecer”. “Yo prometo ser un niño disciplinado, ordenado y estudioso. Yo prometo someterme del todo, íntegramente a los mandatos de mi maestro, de mis padres y de las Autoridades. Yo cumpliré las obligaciones que se me impongan y, al cumplirlas, me sentiré satisfecho de haber cumplido con mi deber español” (LECTURAS CÍVICAS, 1944, p. 46-47).

La concepción franquista del Estado que, se articulaba en torno al principio de la desigualdad social, preconizaba una suerte de predestinación, en función de la cual el más competente estaba llamado a mandar y el que estaba llamado a obedecer, obedecía, aunque a la larga absolutamente todos debieran obedecer al Caudillo. Salvando las distancias, no resulta difícil detectar claras reminiscencias de la visión organicista de la estructura social del Antiguo Régimen y la concepción estamentalista de la sociedad.

Este planteamiento venía reforzado por la difusión del terror al anarquismo y de mensajes apocalípticos que presentaban el caos social como resultado del libre pensamiento. Así, y por su bien, el sujeto debía desprenderse o sacrificar sus propios pensamientos y opiniones, sobre todo en materia de política, y depositar su destino en manos ajenas, con lo que los españoles se convertirían en unos eternos menores de edad, tutelados por el Estado y, en último extremo, por el Caudillo que eran quienes, realmente, sabían los que les convenía.

Es indudable que la práctica del ejercicio físico, en cualquier circunstancia, requiere un alto grado de disciplina y de “sacrificio”, por lo que esta particularidad fue magistralmente aprovechada. Pero convendremos en que entre la disciplina y la sumisión, que era el fin postrero, media un abismo insondable que se salvó de muy distintos modos.

Así, por ejemplo, a fin de estimular a los jóvenes, de compensar sus esfuerzos y de retarles a la superación, tanto en el terreno personal como en el colectivo, se arbitró un sistema permanente de competición, concursos, campeonatos, pruebas, exámenes…, que se materializó en la concesión o retirada de puntos y, finalmente, la consecución de un premio que, como no podía ser menos, se recibía a lo largo de un acto emocionante y, desde luego, solemne. Aunque, todo ello no quitase para que, según los teóricos, la mayor recompensa que podía recibir un joven español fuera “la íntima satisfacción del deber cumplido”.

II.B. El Servicio y la disolución del individualismo

“Yo sé que sirvo a la comunidad de la que formo parte cumpliendo mis deberes de niño, como son los escolares. Con ellos me preparo para ser ciudadano de mi España y cumplir mis deberes de hombre que se reducen a OLVIDARME DE MÍ MISMO PARA RECORDAR QUE SOY ESPAÑOL”. (LECTURAS CÍVICAS, 1944, p. 37).

 “El individualismo es absorbente, egoísta y disgregador. Todo lo contrario de lo que España necesita. España necesita que todos, altos y bajos, grandes y pequeños, unamos nuestras voluntades y sentimientos para querer lo que a ella le convenga y no lo que convenga a nuestros caprichos” (LECTURAS CÍVICAS, 1944, p. 33).

Tanto el rechazo del individualismo, como la vocación de servicio están estrechamente relacionados con la obediencia, la disciplina, la sumisión y el sacrificio pues, todos ellos apuntan en una misma dirección: la negación del yo en pro del Estado o, si se quiere, de Franco, pero aquí, hemos tomado por separado el tema del servicio y del individualismo por cuanto la Educación Física es, frecuentemente, la abanderada de la noción de equipo. Así, y en el caso que nos ocupa, esta virtualidad fue encaminada a construir la mística (excluyente) del grupo y a adoctrinar al individuo en los principios del autoritarismo y del franquismo.

II.C. El júbilo y la alegría

“Para el ideal, el ímpetu; para el obstáculo, la constancia; para el esfuerzo, la fe,; para el trabajo, la disciplina; para el bien general, el sacrifico, y PARA TODO, LA ALEGRÍA” “pues la alegría es también una cosa muy seria y respetable” (LECTURAS CÍVICAS, 1944, p. 55).

Ciertamente, y aunque la componente lúdico-recreativa no constituyera, al menos de partida, uno de los objetivos teóricos prioritarios del Movimiento o del Frente de Juventudes, el esparcimiento y la diversión fueron cuidadosamente atendidos, pues la práctica evidenciaba que el principal atractivo de esta “organización” radicaba en su oferta de “pasatiempos”, no olvidemos que corrían tiempos grises y que los muchachos no contaban con muchas opciones para divertirse y emplear su tiempo libre.

En este sentido, el papel jugado por la Educación Física fue muy importante, ya que, por su propia naturaleza, se prestaba mejor que ninguna otra actividad al entretenimiento, al tiempo que, de paso, se lanzaban todo tipo de mensajes y consignas, en un ambiente distendido y favorable.

III. LA VIDA ENTENDIDA COMO MILICIA

“No nos referimos especialmente a los soldados, sino al espíritu militar que debe informar la vida española. Los soldados defienden la Patria con las armas en la mano; los que no somos soldados debemos defenderla con los libros, con el arado, con el martillo… Los soldados sirven con heroísmo, tenacidad y alegría; nosotros con esfuerzo, perseverancia y satisfacción íntima” (LECTURAS CÍVICAS, 1944, p. 54).

Todos, absolutamente todos, los órdenes de la vida debían ser entendidos como milicia, pues los valores que habían nutrido a esta institución eran precisamente los que se deseaba exportar al común de la sociedad. Desde siempre, la formación militar había concedido gran relevancia a la preparación física y esta vertiente fue adoptada por el franquismo, pero con matices, pues, si la vida era milicia no podía ser deporte, fundamentalmente, porque al deporte le faltaba de severidad lo que le sobraba de espectáculo. Así, practicar deportes sería bueno siempre y cuando se pusiera al servicio del más alto ideal de la milicia vital.

4.B. LOS MEDIOS

Si hasta aquí nos hemos detenido en las finalidades de la Educación Física del primer franquismo, parece llegado el momento de atender a los instrumentos o medios que se emplearon para su consecución, para ello centraremos nuestra atención en la actuación del Frente de Juventudes.

4.B.1. LA EDUCACIÓN FÍSICA EN EL FRENTE DE JUVENTUDES

“Mi padre me ha dicho alguna vez que en sus tiempos los chicos vagaban libremente por las callejas, calles y plazas, como potrillos recentales, sin que nadie se preocupase de reunirlos y darles lecciones de DISCIPLINA y OBEDIENCIA. Actualmente las Organizaciones Juveniles se preocupan de reunir a los niños cuando han terminado las clases escolares, y enseñarles sus deberes como ciudadanos, así como también juegos, EJERCICIOS FÍSICOS, premilitar, etc…, e inspirarles principios de OBEDIENCIA, SACRIFICIO Y RESPONSABILIDAD (…) y acostumbrarles a vencer los obstáculos que ofrece la naturaleza, hacer vida higiénica, ayudarse mutuamente y FORMAR SU CARÁCTER”. (LECTURAS CÍVICAS, 1944, p. 118).

Desde el nacimiento del Frente de Juventudes, un 6 de diciembre de 1940 (B.O.E. nº 342), este encuadramiento general de niños y jóvenes aspiró a convertirse en “la promesa de la España del porvenir”, para ello “encuadraba a la juventud española, sin distinción de clases ni estirpes” y pretendía prepararla “FÍSICA y ESPIRITUALMENTE para que un día llevasen al partido la savia nueva que lo remozase” (I. SALVADOR ALDEA, 1942, p. 105).

Así, los mayores esfuerzos del Frente se dirigieron a proporcionar a los jóvenes una correcta educación política, física y deportiva y premilitar, para lo que no se dudó en fundar, campamentos, albergues, colonias, academias… (I. SAEZ, 1988). A tal fin, era preciso “enseñar a amar el cuartel, a respetar a los superiores, a despreciar la vida en aras a los supremos ideales de la Patria y a tener confianza en uno mismo frente a la adversidad” (LECTURAS CÍVICAS, 1944, p. 118-119).

No en balde, el propio Franco declaraba abiertamente, catorce años después de la fundación del Frente de Juventudes, que:

“El Frente de Juventudes ha sido para nosotros el instrumento más perfecto para enraizar el Movimiento en el futuro. Era necesario cuidar de la juventud, trabajar con la juventud y evitar que en ella pudiera retoñar la flor aquélla de la disidencia y de la división. Había que educar a nuestros futuros hombres en un sentimiento común de servicio y sacrificio por la grandeza de la patria; había que coger la cera virgen de nuestra juventud para moldear con ella los hombres nuevos…” (A. DEL RÍO, 1964, p. 187-188).

Así las cosas, la campaña de modelado de la juventud de la postguerra se orquestó en torno a un rudimentario corpus de principios, que debían convertirse en el horizonte referencial de las vidas, los sentimientos, las ambiciones… de cualquier joven de la época, a fin de hacer de él un buen español y un buen cristiano, obediente, sacrificado, servicial y heroico. Destacan en esta definición “ideológica” los principios del Movimiento, los de la Falange y los del Frente de Juventudes. De los últimos dejamos constancia en el cuadro 1, por estar más estrechamente relacionados con el objeto de este trabajo.

CUADRO 1. FUENTE: I. SALVADOR ALDEA, 1942, p. 106.


PUNTOS BÁSICOS DEL FRENTE DE JUVENTUDES

1.La fe cristiana es el fundamento de mis actos.

2. Sabemos que España es la Patria más hermosa que se puede tener.

3. La Falange que fundó José Antonio es la guardia de España, y formar en ella mi

afán supremo.

4. El Caudillo es mi jefe. Le querré y obedeceré siempre.

5. Amamos las genuinas tradiciones de nuestra Patria, substancia de nuestro

porvenir imperial.

6. Nadie es pequeño en el deber de la patria.

7. Vivimos en el conocimiento y afición a lo campesino, de lo que huele y sabe a

Tierra madre.

8. La vida es milicia. Mi fe, tesón y disciplina harán a España Una, Grande y Libre.

9. Ser Nacional-sindicalista significa no tener contemplaciones con privilegios

injustos. Luchamos por la patria, el pan y la justicia.

10. Para servir a España, un cuerpo ha de ser fuerte y un alma sana.

11. Cada día he de alcanzar una meta más alta. El que no se supera en el deber de la

Patria desciende.

12. Por tierra, mar y aire nosotros haremos el Imperio.

Para lograr que todos los niños españoles interiorizasen y obrasen en consecuencia con el “do-decálogo” del Frente de Juventudes cualquier recurso podía ser útil, pero no cabe duda que la Educación Física ocupó un lugar de excepción en función de su potencialidad modeladora.

El Frente de Juventudes, impregnado de afanes ordenancistas y reglamentadores, articuló con precisión y exhaustividad las diferentes actividades que tenían que realizar los niños y jóvenes y, en particular las centurias que se integraban en las “Falanges Juveniles de Franco”. Por lo que respecta a las actividades de Educación Física, su presencia estuvo asociada a la formación premilitar y se materializó en las denominadas clases prácticas que, generalmente, se desarrollaban a lo largo de las mañanas de los domingos o de cualquier otro día festivo, en el seno de las que fueron conocidas como “Mañanas Deportivas”.

Las actividades debían programarse de modo que fueran amenas y divertidas, aunque siempre ateniéndose a los programas, textos o indicaciones del Plan Nacional de Formación o de la Ayudantía Nacional. En consecuencia, su desarrollo solía atenerse a la siguientes estructura:

· Juegos Deportivos, (carreras de sacos, carreras de aro, marro, lanzamiento de piedra, tracción de cuerda…).

· Juegos Recreativos, (canicas, peonzas…).

· Juegos utilitarios, (prácticas de orientación a ciegas, de memoria visual…).

También existieron las “Tardes Deportivas”, destinadas a la organización de campeonatos de deportes que se pudieran practicar en lugares cerrados, y muy particularmente en el “hogar”, así se jugaba a las damas, al parchís, al ajedrez e incluso al ping-pong.

De la misma manera, una vez al mes, se celebraba la “Revista General de toda la legión”, el acto daba comienzo con una Santa Misa, para inmediatamente proceder, entre otras cosas, al desarrollo de los concursos de premilitar, de canciones y de deportes. A modo de colofón, no podía faltar un desfile por la localidad y un Acto ante la Cruz de los Caídos, que consistía básicamente en la oración y ofrenda de la corona y en el canto solemne del “Cara al Sol”.

Menos frecuentes fueron las marchas cuya periodicidad no se previó, pero, por el contrario, su planificación y desarrollo fueron minuciosamente trazados. De tal modo, además de caminar como máximo dos horas, entre la ida y la vuelta, al ritmo de canciones de talante aleccionador, debían llevarse a cabo actividades de Educación Física, Premilitar, Cultura, Arte…, al igual que se tenía que impartir clases de formación Política y de Trato Social, las primeras en forma de consignas y las segundas a través de la reconvención y corrección de todas las faltas que se pudieran cometer.

Bien merece la pena detenernos, aunque sea muy someramente, en las consignas ya que estas fórmulas breves y contundentes de divulgación de conductas aquilataban los principios ideológicos, políticos y morales del Régimen. A ello habría que unir su incesante reiteración, casi a modo de repetición salmódica. Así, estos pseudoeslóganes publicitarios ocuparon un papel protagónico en la campaña propagandísitca. De igual modo, estas consignas servían de recordatorio de las grandes efemérides del Movimiento, que, por otra parte tenían dedicado un día de reflexión y conmemoración, nos referimos por ejemplo a “el día de la raza”, “el día del caudillo”, “el día del dolor, “el día del estudiante caído” y un largo etcétera.

Por último, se contemplaba la realización de campamentos que se entendían como la culminación de todo el proceso formativo, pues debían servir de repaso general de las actividades realizadas durante todo el año y, lo que quizás sea más importante, eran concebidos y organizados con la clara intención de formar Jefes de Escuadra. Así, la embriaguez de la camaradería y de la vida campestre, adornada con toda suerte de cantos, consignas, desfiles, símbolos… se convertía en el caldo de cultivo óptimo para despertar entre los Flechas (los niños) y los cadetes (los adolescentes) la vocación de mando y, subsidiariamente, contar con buenas unidades de Falanges Juveniles.

En este rápido repaso a los recursos empleados para divulgar el rudimentario ideario franquista, sólo nos queda añadir que las diferentes actividades se vieron acompañadas de un efectismo y una parafernalia que buscaba crear un clima propicio a la permeabilidad y la adhesión, en los que estribó buena parte de los “éxitos” conseguidos.

Se trataba de llegar directamente al corazón sorteando todos aquellos filtros que la razón pudiera interponer, y para ello nada mejor que intervenir en los dominios más afectivos y sensibles del talante humano.

Conviene recordar también que, aunque en el Frente de Juventudes se integraba la generalidad de los chicos españoles, que participaban masivamente en sus diversas actividades, animados sobre todo por los maestros de educación primaria pública, pertenecientes en su mayoría al SEM (Servicio Español de Magisterio), o en el caso de la secundaria pública por los profesores de las disciplinas vinculadas al “Movimiento”, era en las “Falanges Juveniles de Franco”, un encuadramiento voluntario y bastante más selectivo, donde tenían lugar las actividades más reguladas y más sometidas a un planteamiento ideologizador, pues estas falanges desempeñaban “por el ejercicio de las mejores virtudes de la raza, la primacía en todas las empresas falangistas”(B.O.E. de 24-4-44, art. XXIII).

Y hasta aquí llega nuestro sinuoso discurrir por las sendas del subconsciente colectivo, a través de sus expresiones más concretas y objetivables. Confiamos, pues, en haber satisfecho las expectativas despertadas al inicio de nuestro devenir, así como en haber hecho una pequeña contribución en el sacar a la luz lo invisible.

5. EPÍLOGO

Con este trabajo además de pretender contribuir a la ampliación del conocimiento de un fenómeno tan fascinante como es, en nuestra opinión, el de los imaginarios sociales, es nuestro deseo hacer una aportación de carácter metodológico.

En este sentido, constatamos como, hasta ahora, las sendas de las identidades colectivas han sido preferentemente transitadas por los estudiosos y los métodos de la sociología, la psicología, la historia de las mentalidades o la historia de la educación y, a nuestro entender, sería necesario complementar estas perspectivas con las aportaciones de la epistemología y los métodos de trabajo de las didácticas específicas.

Nuestra propuesta se fundamenta en el hecho de que, tal y como se puede comprobar en las páginas que preceden, una de las vías de acceso al esclarecimiento de los imaginarios sociales es el análisis de la selección de contenidos (en esta ocasión conceptuales y actitudinales) y de la metodología empleada para la transmisión de estos conceptos y subsidiariamente del ideario que connotan, con el fin de alumbrar una nueva cosmovisión. Y, ¿cabe alguna duda de que ambos extremos, el de la selección de contenidos y el de la metodología comunicativa, constituyen algunos de los campos esenciales de la investigación de las didácticas específicas, aunque hasta ahora su referentes principales hayan venido siendo los del tiempo presente y la Educación formal, a menudo de la mano de estudios centrados en el currículum oculto?

Si su respuesta es afirmativa, veríamos confirmada nuestra hipótesis acerca de las potencialidades de las Didácticas específicas, y más concretamente de la Didáctica de las Ciencias Sociales, en la investigación sobre las identidades colectivas y los imaginarios sociales. 

6. BIBLIOGRAFÍA

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